sábado, 12 de diciembre de 2009

Mojito

Ingredientes:

  • 4 onzas de ron blanco
  • Media lima cortada en gajos
  • 1 ramita de menta
  • 1 cucharada de azúcar
  • 2 o 3 cubitos de hielo picado
  • Club soda o agua mineral con gas
  • 1 rodajita de lima para adornar y otra ramita de menta

Instrucciones:

  • Poner la lima y el azúcar directamente al vaso y machacarlos con un mortero.
  • Agregar la menta.
  • Después poner el hielo, el ron blanco y completar el vaso con soda o agua con gas.
  • Remover y adornar con una pajita o removedor, una rodaja de lima y una ramita de menta.




domingo, 6 de diciembre de 2009

Royale with cheese

VINCENT

You'll dig it the most. But you know what the funniest thing about Europe is?


JULES

What?


VINCENT

It's the little differences. A lotta the same shit we got here, they got there, but there they're a little different.


JULES

Examples?


VINCENT

Well, in Amsterdam, you can buy beer in a movie theatre. And I don't mean in a paper cup either. They give you a glass of beer, like in a bar. In Paris, you can buy beer at MacDonald's. Also, you know what they call a Quarter Pounder with Cheese in Paris?


JULES

They don't call it a Quarter Pounder with Cheese?


VINCENT

No, they got the metric system there, they wouldn't know what the fuck a Quarter Pounder is.


JULES

What'd they call it?


VINCENT

Royale with Cheese.


JULES

(repeating) Royale with Cheese. What'd they call a Big Mac?


VINCENT

Big Mac's a Big Mac, but they call it Le Big Mac.


JULES

Le Big Mac. What do they call a Whopper?


VINCENT

I dunno, I didn't go into a Burger King. But you know what they put on french fries in Holland instead of ketchup?


JULES

What?


VINCENT

Mayonnaise.


JULES

Goddamn!


VINCENT

I seen 'em do it. And I don't mean a little bit on the side of the plate, they fuckin' drown 'em in it.


JULES

Uuccch!


Pulp fiction

sábado, 21 de noviembre de 2009

pipsas!!!

Más allá de las preferencias a la hora de la masa (a la piedra, medio molde, gorditas a lo Las Cuartetas o finitas como papel), la otra mitad, muy importante otra mitad, de la pizza es lo que va arriba y la salsa.

Para la masa, hay un par de cosas importantes a tener en cuenta:

  • Siempre es mejor la harina 000 -tres ceros- (si tienen una 0000 -cuatro ceros-, todo bien).
  • La levadura, si es fresca, no tiene que estar ácida. Si es seca, va a tardar en levar más.
  • El agua debe estar tibia, si estámás bien fría, la levadura no reacciona, si está muy caliente, se muere (pobreshita...).

Para 1 kilo de harina se necesita: 50 gramos de levadura (un cubito de la fresca o un sobrecito de la seca), 1/2 litro de agua, 50 cc de aceite y 20 gramos de sal.

Poner la levadura en una taza con agua tibia y una cucharadita de azúcar. Más que una tasa un bowl, porque sino se va a chorrear.
Poner el harina con la sal (tamizar todo para que quede bien incorporado) en un bowl o en la mesada, en forma de corona.
Agregarle la levadura y el aceite e incorporar, usando el resto del agua, hasta formar un bollo lisito y bonito, que no se pegue en los dedos.

Dejar que leude, hasta que duplique su tamaño. Separar en bollos (rinde para 4 o 5 pizzas grandes, según que tan altas se las quiera), dejarlos descansar.
Estirar los bollos en las pizzeras y dejarlos de nuevo que levanten (ahí desidirán ustedes cuan altas o bajas las quieren).

El secreto es no poner nunca la salsa de inmediato, antes de que terminen de leudar los bollos, porque eso aplastaría la masa y quedarían, más que "a la piedra", de piedra.

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Para una salsita básica, lo mejor son los tomates que se pasaron de maduros (hay que pelarlos y sacarles las semillas, asi no son tan ácidos) o una linda y ya lista lata de tomates (puede optar por la que los trae ya cortados en cubitos).

Ya que habemus tomates, picamos una cebollita muy muy muy chiquitita y un diente de ajo y metemos todo en una sartén con un chorrito de aceite. Cuando se cocine todo (un rato laaaaargo, porque el tomate tarda y no da ponerle fuego al mango, porque no se hacen asi las cosas) se sala y se condimenta (pimienta, orégano, ají molido, a elección de los paladares en cuestión). Cuando se enfríe se le agrega un chorrito de aceite (puede ser de oliva) y ya, ¡listo el pollo! (perdón, la salsa).

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Acá van algunas opciones para "rellenarlas" (si alguien encuentra el verbo correcto, por favor que avise):

  • Clásica: salsa de tomate y una buena muzzarella. En cuanto salgan del horno, les ponen orégano por encima y ya.
  • Rodajas de tomate (traten de que sean finitas) y hojas de albahaca.
  • Jamón y huevo duro picado (para los valientes: rompan un huevo en el centro y que se cocine en el horno).
  • Jamón y morrones (que los morrones sean asados o en conserva).
  • Espinaca o acelga hervida, salsa blanca y queso rallado.
  • Cebolla salteada, queso (el de su preferencia) y choclo desgranado.
  • Salsa blanca, queso rallado (sardo o provolone) y champiñones.
  • Rúcula, tomates secos en conserva de oliva y jamón crudo o panceta (ojo! no dejar mucho tiempo en el horno porque se queman los ingredientes!!).
  • Pollo (tiritas finitas de pechuga previamente salteadas en vino blanco), cebolla de verdeo, salsa blanca y queso.
  • Zapallitos (o zucchinis o berenjenas o puerros) cortados en rodajas finitas y queso rallado.


Y todas las combinaciones posibles, con lo que sea que encuentren en sus heladreas...





domingo, 4 de octubre de 2009

Frutillas con crema

El secreto de una buenas frutillas con crema está en:

* Elegir frutillas bien maduras y cortarlas en trozos parejos

* Dejarlas, por lo menos, media hora con azúcar y un chorrito (¡un chorrito dije!) de ron (o cognac o algo espirituoso que les guste)

* La crema debe ser fresca y estar batida a punto (cuando levantas el batidor debe estar firme, no debe caerse nada) y con poca azúcar (si es impalpable, mejor, ya que no se hace agua)





jueves, 10 de septiembre de 2009

Muffins de limón

250 gr de manteca
250 gr de azucar
275 gr de huevo (4 aprox)
375 gr de harina 0000
Ralladura de adivinad qué fruta.
10 gr de polvo para hornear (1 cdita de café. Pero de polvo para hornear eh :P)

Opcionales(porque lo otro es obligatorio, si no hay eso no hay muffin propiamente dicho):
-Semillas de amapola
-Azúcar impalpable o granulado para espolvorear
-Merengue italiano, por qué no.



Batid la manteca y el azúcar a blanco.
Incorporad los huevos de a uno (uno y batir, uno y batir,etc)
Y las cascaritas de limón.
Agregad la harina y el polvillo pero antes: Tamizad!
Incorporad ahora todo hasta que quede una crema lisita y mansita.
Distribuid en pirotines y hornead durante aprox 8'

Receta de la Ove, preparación & decoramiento de Pau.


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jueves, 20 de agosto de 2009

Comer, comer

No sé cómo son las otras casas de familia. En mi casa todos hablan de comida. “¿Ese queso es tuyo?” “No, es de todos”. “¿La papilla está buena?” “Está buenísima.” “Mamá, pídele a la cocinera que haga un cóctel de camarones, yo le enseño.” “¿Cómo sabes?” “Lo comí y aprendí por el sabor.” “Hoy quiero comer solamente sopa de arvejas y sardinas.” “Esta carne está demasiado salada.” “No tengo hambre, pero si compras pimienta yo como.” “No, mamá, ir a comer a un restaurante sale muy caro, y yo prefiero comida casera.” “¿Qué hay de comer en la cena?”


No, mi casa no es metafísica, nadie es gordo aquí, pero no se perdona una comida mal preparada. En cuanto a mi, abro y cierro mi cartera para sacar dinero para compras. “Voy a cenar afuera, mamá, pero guárdame un poco de cena.” Y en cuanto a mi, me parece bien que en un hogar se mantenga encendido el fuego para lo que venga. Una casa de familia es aquella donde, además de mantenerse el fuego sagrado del amor bien encendido, se mantienen las ollas sobre el fuego. El hecho es que sencillamente nos gusta comer. Y con orgullo soy la madre de esta casa de comidas. Además de comer conversamos mucho sobre lo que sucede en Brasil y en el mundo, conversamos sobre qué ropa es adecuada para determinadas ocasiones. Somos un hogar.


Clarice Lispector, Revelación de un mundo

domingo, 9 de agosto de 2009

Postre de leche

Es como el que hacía mi abuela.

Técnicamente, lo hacía la hermana de mi abuelo y, antes que ella, la cocinera de sus padres (si, vengo de una familia bien, con cocinera y mucama... ¿dónde habrá ido a parar todo eso? =P)


Ingredientes


1 litro de leche
1 huevo

6 cucharadas de maizena (fécula de maíz) al ras

10 cucharadas de azúcar

4 cucharaditas de esencia de vainilla o media chaucha o ralladura de 1 naranja para perfumar


Preparación

  • Diluir la maizena en una taza de leche fría.
  • En una ollita colocar la leche y huevo batido. Calentar revolviendo.
  • Incorporar la maizena diluida. Mezclar contínuamente con batidor de alambre para que no se formen grumos.
  • Perfumar con la vainilla o la ralladura de naranja.
  • Llevar a fuego bajo y cocinar, siempre mezclando con batidor, hasta que espese y se haga una crema de la consistencia de la pastelera (otro día les subo la receta, es fácil)
  • Retirar del fuego y colocar en un bowl de vidrio o moldecitos individuales.
  • Dejar enfriar y conservar en la heladera tapado con un film en contacto hasta el momento de servir.

Cuando lo saqué del fuego, le agregué 200 gr de chocolate picado (compren los chips semiamargos de Águila que están buenísimos!!!) y batí todo hasta que quedó fundido e incorporado.






sábado, 25 de julio de 2009

Panqueques!!!

Para hacer estas cosas riquisimas necesitan pocas cosas y un ratito de tiempo.
  • 2 huevos
  • 2 cucharadas soperas gordas de harina
  • 1 taza de leche
  • Azúcar y ralladura de naranja/limón (también podría ser vainilla, pero yo, personalmente, la odio) si los quieren para dulce
  • Sal y pimentón si los quieren para canelones

Primero se baten los huevos, se agrega la harina en forma de lluvia (acuerdense del tema de los grumos!!!) y los condimentos. Luego se va agregando la leche de a poco y se bate y bate y bate. Hay quienes meten todo en una licuadora, pero recomiendo que se haga una vez incorporados todos los elementos, para darle cremosidad. El batido tiene que quedar espeso pero con cuerpo, como la crema de leche o la salsa blanca.

Cuando tengan el batido, necesitna una sartén de teflón, pero una posta, que no esté rayada ni abollada ni nada, así no tienen problemas a la hora de dar vuelta los panqueques. La ponen en el fuego, que se caliente (pero no se zarpen dejándola mucho tiempo vacía en el fuego, porque arruinan el teflón) y le echan una puntita de cucharita de manteca.

Ahí, con la manteca derretida y esparcida por la sartén (¿la sartén, el sartén? that's the cuestion), ponen un cucharón de la crema y la desparraman y esperan a que coagule. ahí van a poder despegar el panqueque y darlo vuelta, para que se cocine del otro lado.

Así hasta terminar con los, espero, 20 panqueques que pueden llegar a salir.


Eso si, dejen que se entibien antes de rellenar, a ver si todavía se queman!!!



para los punkekes, una cancion punk!

lunes, 13 de julio de 2009

Right now

Ahora mismisimo estoy haciendo muffins de naranja y pera.

Después les cuento cómo salen.


Salieron bien, aunque deformes... en cuanto me salgan como dios manda, les pasaré la receta.

martes, 23 de junio de 2009

Se va la primera...

Para empezar, una alcaración: las recetas no tiene medidas exactas, salvo que así lo requieran y sean cantiades medibles de modo fácil.

Ahora si, arrancamos con algo simple, básico y sencillo: Salsa blanca

Se neceita manteca, harina común y leche.

  • Ponen una cucharada sopera de manteca en una ollita (traten de que no sea una muy latita porque pueden quemar la manteca enseguida) y al fuego hasta que se derrita.
  • Luego agregan una cucharada de harina en forma de lluvia . Acá lo bueno es ser ágil con ambas manos o tener ayuda, así mientras se agrega el harina por un lado, se va revolviendo por el otro (no la manden toda de una así evitan grumos).
  • Cuando incorporaron todo, echen la leche, si es posible, tibia, de forma sostenida. Siempre, siempre, siempre estén revolviendo y uniendo todo y no dejen que se espece demasiado de golpe (de nuevo, la cuestión grumos es fundamental evitar).
  • Agreguen por lo menos una taza y esperen a que hierva y empiece a espezar y busquen la consistencia que más les guste agregando más leche para que sea más fluída o cocinando más para que espece. Si la quieren para un relleno (tarta o canelones, por ej.) les conviene que esté lo más consistente posible, así que a fuego bajito va a tener que hervir un rato bastante. en cambio, si es para una salsa, el punto sería como el de la crema que sale del pote, fluida.
  • Unas pizcas de sal, pimienta y nuez moscada para hacerla clásica.

Con eso como base, se pueden hacer maravillas en unos minutos, además se puede condimentar con casi cualquier cosa (rayen un buen queso o metanle un sobre de los quesabores y me cuentan)

Por ejemplo, saltean unas cebollitas de verdeo (o las comunes o las coloradas o las que les gusten mas, che) con unas pechugas de pollo cortadas en cubitos, sal, pimienta, pimentón (tengo uno made in Jujuy, amarillo, que pica como la mismisima madre y está genial) y cuando está todo cocido le agregan la salsa blanca y para unas pastas queda pipi cucu!!




just push play n' cook...

miércoles, 17 de junio de 2009

Bienvenidos

Comer demasiado es un vicio romano, pero yo fui sobrio con voluptuosidad.

Hermógenes no se ha visto precisado a alterar mi régimen, salvo quizá esa impaciencia que me llevaba a devorar lo primero que me ofrecían, en cualquier parte y a cualquier hora, como para satisfacer de golpe las exigencias del hambre.

De más está decir que un hombre rico, que sólo ha conocido las privaciones voluntarias o las ha experimentado a titulo provisional, como un incidente más o menos excitante de la guerra o del viaje, sería harto torpe si se jactara de no haberse saciado.

Atracarse los días de fiesta ha sido siempre la ambición, la alegría y el orgullo naturales de los pobres.

Amaba yo el aroma de las carnes asadas y el ruido de las marmitas en las festividades del ejército, y que los banquetes del campamento (o lo que en el campamento valía por un banquete) fuesen lo que deberían ser siempre: un alegre y grosero contrapeso a las privaciones de los días hábiles.

En la época de las saturnales, toleraba el olor a fritura de las plazas públicas.

Pero los festines de Roma me llenaban de tal repugnancia y hastio que alguna vez, cuando me creí próximo a la muerte durante un reconocimiento o una expedición militar, me dije para reconfortarme que por lo menos no tendría que volver a participar de una comida.

No me infieras la ofensa de tomarme por un vulgar renunciador; una operación que tiene lugar dos o tres veces por día, y cuya finalidad es alimentar la vida, merece seguramente todos nuestros cuidados.

Comer un fruto significa hacer entrar en nuestro Ser un hermoso objeto viviente, extraño, nutrido y favorecido como nosotros por la tierra; significa consumar un sacrificio en el cual optamos por nosotros frente a las cosas.

Jamás mordí la miga de pan de los cuarteles sin maravillarme de que ese amasijo pesado y grosero pudiera transformarse en sangre, en calor, acaso en valentía.

¡Ah! ¿Por qué mi espíritu, aun en sus mejores días, sólo posee una parte de los poderes asimiladores de un cuerpo?

En Roma, durante las interminables comidas oficiales, se me ocurrió pensar en los origenes relativamente recientes de nuestro lujo, en este pueblo de granjeros parsimoniosos y soldados frugales, alimentados a ajo y a cebada, repentinamente precipitados por la conquista en las cocinas asiáticas y hartándose de alimentos complicados con torpeza de campesinos hambrientos.

Nuestros romanos se atiborran de pájaros, se inundan de salsas y se envenenan con especias.

Un Apicio está orgulloso de la sucesión de las entradas, de la serie de platos agrios o dulces, pesados o ligeros, que componen la bella ordenación de sus banquetes; vaya y pase, todavía, si cada uno de ellos fuera servido aparte, asimilado en ayunas, doctamente saboreado por un gastrónomo de papilas intactas.

Presentados al mismo tiempo, en una mezcla trivial y cotidiana, crean en el paladar y el estómago del hombre que los come una detestable confusión en donde los olores, los sabores y las sustancias pierden su valor propio y su deliciosa identidad.

El pobre Lucio se divertía antaño en confeccionarme platos raros; sus patés de faisán, con su sabia dosis de jamón y especias, daban pruebas de un arte tan exacto como el del músico o el del pintor; yo añoraba sin embargo la carne pura de la hermosa ave.

Grecia sabia más de estas cosas; su vino resinoso, su pan salpicado de sésamo, sus pescados cocidos en las parrillas al borde del mar, ennegrecidos aquí y allá por el fuego y sazonados por el crujir de un grano de arena, contentaban el apetito sin rodear con demasiadas complicaciones el más simple de nuestros goces.

En algún tabuco de Egina o de Falera he saboreado alimentos tan frescos que seguían siendo divinamente limpios a pesar de los sucios dedos del mozo de taberna, tan módicos pero tan suficientes que parecían contener, en la forma más resumida posible, una esencia de inmortalidad.

También la carne asada por la noche, después de la caza, tenía esa calidad casi sacramental que nos devolvía más allá, a los salvajes orígenes de las razas.

El vino nos inicia en los misterios volcánicos del suelo, en las ocultas riquezas minerales; una copa de Samos bebida a mediodía, a pleno sol, o bien absorbida una noche de invierno, en un estado de fatiga que permite sentir en lo hondo del diafragma su cálido vertimiento, su segura y ardiente dispersión en nuestras arterias, es una sensación casi sagrada, a veces demasiado intensa para una cabeza humana; no he vuelto a encontraría al salir de las bodegas numeradas de Roma, y la pedantería de los grandes catadores de vinos me impacienta.

Más piadosamente aún, el agua bebida en el hueco de la mano, o de la misma fuente, hace fluir en nosotros la sal secreta de la tierra y la lluvia del cielo.

Pero aun el agua es una delicia que un enfermo como yo sólo debe gustar con sobriedad.



Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar